Del guion amoroso al canovaccio. El caso de las bodas gays
From loving script to canovaccio. The case of gay weddings

Maximiliano Marentes
https://orcid.org/0000-0001-8494-4962

Universidad de Buenos Aires
maximiliano.marentes@hotmail.com

 

Resumen: En el presente artículo propongo comprender las bodas entre varones gays problematizando la noción de guion amoroso. Entiendo estas celebraciones como un canovaccio, una suerte de proto-libreto teatral de la comedia del arte italiana. A partir del análisis de historias de amor entre varones, que aparecieron en producciones culturales argentinas entre 2010 y 2015, pongo a prueba este esquema analítico. Los ejes que estructuran el trabajo refieren al carácter político del matrimonio entre personas del mismo sexo, el proceso de decisión por casarse, la organización de la boda como un punto de inflexión y la descripción de otras personas que acompañan a las parejas en esa celebración. El objetivo es analizar cómo las bodas gays se debaten constantemente entre lo viejo, lo nuevo y lo prestado.

Palabras clave: bodas gays, guion amoroso, producción cultural, Argentina

Abstract: In this article I propose to think gay weddings discussing the concept of loving script. I understand these celebrations as a canovaccio, a sort of an early theatrical script in the Italian Commedia dell’arte. From an analysis of gay love stories included in Argentinean cultural production between 2010 and 2015, I try to test this analytical approach. The sections that structure this article refer to the political character of same sex marriage, the process of making the decision to marry, the organization of the wedding as a crucial point and the description of other people that join the couple in the marrying process. The goal of this paper is analyzing how gay weddings are constantly oscillating among the old, the new and the borrowed.

Keywords: gay weddings, loving script, cultural production, Argentine

Traducción:
Maximiliano Marentes, Universidad de Buenos Aires

 
Cómo citar:
Marentes, M. (2020). Del guion amoroso al canovaccio. El caso de las bodas gays. Culturales, 8, e419. https://doi.org/10.22234/recu.20200801.e419

 
 

Recibido: 29 de noviembre de 2018          Aprobado: 22 de noviembre de 2019          Publicado: 05 de mayo de 2020

   


Introducción[1]

 De guiones y canovacci[2]

A la hora de pensar en cómo las personas experimentan el amor, algunas propuestas han recuperado la tradición de los guiones sexuales (Gagnon y Simon, 2005; Jones, 2010). Según esta perspectiva, existen guiones sexuales estructurados que se aprenden de distintas maneras y que las personas actúan a la hora de tener relaciones sexuales. En esta línea, Illouz (2009) considera que el amor está tan codificado que, en las interacciones amorosas entre las personas, éstas despliegan guiones amorosos prestablecidos. El objetivo de este artículo es recuperar dicha propuesta, pero desde una perspectiva crítica.

El análisis de los guiones amorosos se emparenta con una escuela específica para pensar la relación entre los medios de comunicación y cómo las personas se apropian de dicho contenido: la escuela de Frankfurt. Partiendo desde otra vertiente, los estudios culturales, problematizo la noción de guiones amorosos tan estructurados y cerrados que las personas luego reproducirían acríticamente. Propongo, en cambio, la noción de canovaccio, una suerte de proto-libreto teatral que se utilizaba en la comedia del arte italiana de los siglos XVI a XVIII. Al marcar sólo las líneas guías de lo que se desarrollaría en la escena, el canovaccio da lugar a la improvisación, dentro de los márgenes que permite la caracterización de los personajes. Además, el canovaccio habilita a que otros actantes (Boltanski, 2001; Latour, 2008) —fundamentales para la puesta en acto del amor— ingresen a escena.

Recupero, en este artículo, la boda entre varones como un canovaccio específico del amor gay que, constantemente, debe debatirse entre lo viejo, lo nuevo y lo prestado. El trabajo se estructura en cuatro ejes. El primero es la caracterización del matrimonio igualitario como un cronotopo. Luego se recupera la decisión de casarse, pero desde una mirada procesual, atendiendo a sus diferentes puntos. El tercer eje se centra en la organización de la boda como un momento que tiende a unir o a separar las parejas. El último analiza otros actores que forman parte de la unión legal entre los dos protagonistas, en un intento de pensar que las parejas siempre son más que dos. Finalmente, en las conclusiones se reflexiona sobre lo nuevo, lo viejo y lo prestado de las bodas gays. Antes de emprender este recorrido, son necesarias precisiones teóricas y metodológicas.

El canovaccio como puesta en acto del amor: precisiones teóricas y metodológicas

Este trabajo se desprende de mi tesis de maestría (Marentes, 2017b), en la que intenté reconstruir los marcos culturales que estructuran las relaciones de amor entre varones gays. La tesis se inscribe en una investigación de mayor alcance en la que indago las especificidades del amor gay. El objetivo inicial era analizar historias de amor entre varones que hubieran aparecido en distintos medios de comunicación de Argentina, para luego centrarme —en la tesis de doctorado— en cómo las personas que entrevistaría se adecuaban a dichos guiones. Intentaba, en suma, replicar el trabajo de Illouz (2009) pero con varones gays que vivieran en Argentina.

Avanzando con la lectura, sistematización y análisis del material seleccionado, me di cuenta de uno de los problemas de aquella propuesta. A saber, que partir de cómo esos sujetos de mi investigación se adecuaban a los guiones culturales me condenaría a ver una mera reproducción y no el modo real que tenían para amar. Esto me había sucedido en unas entrevistas exploratorias a varones gays, hacia 2015, cuando les preguntaba cómo sería una cita romántica ideal. Tras titubear intentando responder sobre ese encuentro utópico, con lujo de detalles describían las hermosas citas que tuvieron en restaurantes de comida rápida con alguien de quien se enamoraron al conocerse para tener sexo casual. Es decir, me decían que lo importante, para estudiar el amor, era centrarse en las experiencias.

Debido a ese “fracaso” en el campo, sumados los seminarios de maestría que cursaba entonces, pude reconocer la influencia de la escuela de Frankfurt en la propuesta de Illouz que, enfatizando en la dominación ideológica, olvida ver qué hace la gente con aquello que toma de los medios. Otras tradiciones que piensan diferente la relación entre cultura de masas y medios de comunicación me permitieron encuadrar mejor mi investigación, como los estudios culturales británicos. La apuesta de estos autores (Hall, 2004; Thompson, 1995; Williams, 1982, 2009), a pesar de sus diferencias, radica en ver las mediaciones que los sujetos realizan a partir de sus experiencias, enfatizando en cómo las especificidades de sus trayectorias de vida permiten apropiaciones diferenciadas de eso que sería la cultura de masas.

Para ese momento, el objetivo de reconstruir esos guiones amorosos que deberían encuadrar las relaciones de pareja entre varones gays resultaba una empresa sin mucho sentido. El análisis del material me abrió la puerta a otra forma de entender el amor, a partir de otro recurso teórico: el canovaccio. La noción de guion es heredera de propuestas dramatúrgicas para pensar lo social, como la de Goffman (1971). Pero el teatro no siempre fue igual. En la comedia del arte italiana de los siglos XVI a XVIII existía el canovaccio (Stäuble, 1973; Moseley, 2016). A diferencia de un libreto teatral, éste resultaba un pedazo de tela —de donde deriva su nombre— que se colgaba en la pared del fondo del escenario. Sobre esta tela no se consignaba una descripción in extenso de la obra, sino apenas un esbozo del orden de las escenas y las entradas y salidas de los personajes. La mayor libertad de improvisación para los intérpretes debe ser relativizada, pues lo estructurado caía del lado de los personajes. Un elenco de caracteres relativamente estable hacía la comedia del arte italiana: Pantalone, Arlecchino, Brighella, entre otros. Estos personajes, caracterizados por sus máscaras que los volvían reconocibles para el público, acompañaban a la pareja de enamorados. Como demuestro a lo largo del artículo, pensar el amor a partir de su puesta en acto en canovacci permite analizar qué otros personajes y cosas aparecen en las historias de amor, acompañando a los protagonistas, al tiempo que da margen para la improvisación.

Visto mi objetivo inicial de reconstruir los guiones amorosos, propuse un análisis de las historias de amor que aparecieron en diferentes medios de comunicación de Argentina, luego de que se hubiera sancionado la ley 26.618, conocida como ley de matrimonio igualitario (Clérico y Aldao, 2010; Hiller 2012). Dicha ley, al permitir que dos personas del mismo sexo se casaran, lograba modificar la ecología de la elección (Illouz, 2012), es decir, el entorno social que marca cierto rumbo en la elección del sujeto amado. Como hace Illouz (2012) con las novelas de Jane Austen para entender el amor durante la era victoriana, intenté reconstruir los supuestos culturales que organizan y estructuran las historias de amor entre varones.

Las unidades de análisis son historias de amor entre varones que aparecieron en distintos medios de comunicación en la Argentina posterior al 2010. Siguiendo a Foucault (2015), considero al amor como una formación discursiva: un conjunto de enunciados dispersos en un sistema de regularidad, sometidos a diferentes tipos de reglas de formación. Concebido el amor como un fenómeno fragmentario, que nunca podrá asirse en su totalidad, estas historias se podrán encontrar en muy distintas materialidades.

Para garantizar aquella dispersión de la regularidad, conformé un corpus heterogéneo. Las veinticuatro historias de amor que analizo aparecieron en alguna producción cultural posterior a la sanción de la ley de matrimonio igualitario en Argentina (julio de 2010). Las doce producciones culturales de donde las extraje son diferentes entre sí. A saber, tres películas independientes en las que se relatan historias de amor entre varones: Hawaii (2013) de Marco Berger; Solo (2013) de Marcelo Briem Stamm y El tercero (2014) de Rodrigo Guerrero. Dos ficciones literarias de escritores argentinos en la que se retratan historias de amor entre varones: Vos porque no tenés hijos (2011) de Osvaldo Bazán y Avión (2015) de Eduardo Muslip. Dos telenovelas en las que los personajes protagónicos tenían vínculos íntimos con otros varones y que tuvieron éxito en la televisión de aire: Farsantes (2013 a 2014) y Viudas e hijos del rock and roll (2014 a 2015). La revista de organización de bodas gays, Amor, cuyo único número data de 2014. Y del suplemento semanal sobre diversidad sexual, Soy, del diario de alcance nacional Página12, sólo los números aniversario a la sanción de la ley (de 2010 a 2015).

La primera parte del trabajo consistió en una descripción de los materiales: leí y vi las películas, los libros, las telenovelas, la revista y los suplementos. Luego de ese primer acercamiento crítico comencé el trabajo de resumen y transcripción de las escenas, historias, notas y comentarios. Concluido aquel trabajo con el material en bruto, seleccioné las historias a analizar. Así, decidí cuáles incluir. Todas estas historias tenían la particularidad de retratar un vínculo íntimo entre, al menos, dos hombres y podrían relatarse como narrativas. Para condensar el sentido de las historias, agregué a cada una de ellas un título.

En un segundo momento me centré en la reconstrucción de escenas de cada historia. Ensayé la propuesta de la psicóloga social brasileña Vera Paiva (2006), que consiste en llevar a quienes se entrevista a la reconstrucción de la escenografía con mayor cantidad de detalles posibles, con el fin de desentrañar aspectos contingentes, individuales y estructurales. Si bien Paiva lo propone para fines de promoción de salud, este recurso metodológico resultó útil. Así reconstruí las veinticuatro historias de amor a modo de narrativa, describiendo las diferentes escenas que las componían.

Un inconveniente al trabajar con datos cualitativos es cómo analizarlos. Por eso decidí apoyarme en una de las herramientas informáticas disponibles, que permite la sistematización y análisis de diferentes materiales cualitativos. Con la ayuda del software, fui releyendo cada una de las historias, y en esa lectura asignaba códigos a cada fragmento. Al avanzar con las historias volvía a las precedentes para modificar la codificación: creando nuevas etiquetas, dividiéndolas, cambiándoles el nombre. Realicé un análisis temático inductivo (Braun y Clarke, 2006).

A lo largo del trabajo intento poner en funcionamiento aquel esquema analítico desarrollado para entender el amor gay, basado en la noción de canovaccio. Propongo pensar el matrimonio entre varones como un canovaccio específico de estas historias de amor y fuertemente ligado con los cambios producidos en la sociedad argentina en el nuevo milenio. En vez de tomar las bodas entre personas del mismo sexo como una simple apropiación y réplica de los casamientos heterosexuales, lo entiendo como un canovaccio de reciente construcción escénica, que todavía está viviendo una fase de adaptación al género. En última instancia, las bodas entre dos hombres no tienen una historia tan larga en Argentina.

Mi objetivo, en estas páginas, es dar cuenta de la forma en que las bodas entre varones deben armar un canovaccio propio para celebrar el casamiento. Las bodas heterosexuales acompañan a este capítulo como fondo sobre el que se pinta la escena, como forma en términos de Simmel (2002), a partir de la cual evaluar la especificidad y positividad del matrimonio entre dos hombres. Si bien hay cosas que aplican para todas las bodas, otros aspectos no pueden desentenderse de que sean personas del mismo sexo quienes se están casando. Esto hace que se trate del análisis de un canovaccio que se debate entre lo nuevo, lo viejo y lo prestado. Comencemos por sus posibilidades de existencia.

El matrimonio igualitario como cronotopo

Al comparar, en clave de géneros discursivos, la revista de bodas gays Amor con revistas de novias heterosexuales, por la centralidad que adquiría el matrimonio igualitario en la primera de las revistas, propuse entenderlo como un cronotopo (Marentes, 2017a). El concepto de cronotopo es definido como la correlación esencial de las relaciones espacio-temporales (Bajtín, 1989). Lo cronotópico, por tanto, permite situar al discurso en una temporalidad y en una espacialidad específica. Si bien Bajtín acuñó esta noción para el análisis de la literatura, puede ser entendida para otros discursos ya que define una representación de mundo en su relación con el cruce espacio y tiempo (Arnoux, 2008), tal como hace Arnoux en su análisis del discurso latinoamericanista de Hugo Chávez. Apelar al cronotopo es la forma de entender las condiciones de existencia de ciertos discursos, como, por ejemplo, la misma revista Amor.

Retomando la propuesta sobre lo nuevo, lo viejo y lo prestado en el canovaccio de bodas gays, el cronotopo nos permite entender su costado más novedoso: su carácter disruptivo en la escena política. El objetivo de este apartado es analizar el modo en que el matrimonio igualitario aparece en las historias de amor concretas dejando entender los sentidos que, en tanto que cronotopo, le imprime a este canovaccio.

La ley se sancionó en julio de 2010, acarreando muchos debates en la esfera pública sobre qué significaba que dos personas del mismo sexo se casaran. Quienes defendían al matrimonio igualitario sostenían que el Estado vendría a reconocer cosas que ya estaban pasando: es decir, que dos hombres o dos mujeres convivieran. Daniel y Sebastián, cuya historia aparece en un número del suplemento Soy, vivían así, en las mieles de la homosexual cohabitación.[3] Juntos, y antes de que el matrimonio igualitario fuera ley, armaron un libro con los textos de uno y las fotos del otro, Diario de un reciencasado, que fue expuesto en varios eventos.

Ariel y Fernando, protagonistas de una de las historias de amor de la revista de bodas Amor, en cambio, sin haber hecho ningún libro, soñaban. Para ellos hablar de matrimonio era la forma de soñar despiertos. Fernando llegó a proponer una fecha tentativa de casamiento: 12/12/12. Hablar de esa fecha imaginaria era una forma de unirlos y sedimentar su vínculo. Casarse era solamente un sueño, porque todavía la ley no se había sancionado, y aún lejos estaban los debates públicos en torno a ella. Pero un día de 2010, ese sueño se hizo realidad. Con mucho entusiasmo, la tía Betty los despertó para contarles que era ley el matrimonio igualitario en Argentina. En esa llamada informativa, tía Betty aprovechó y les dio todo su apoyo para que se casaran.

Alex y José[4] fueron protagonistas del suceso que abrió la mente de los argentinos: el matrimonio igualitario, tal como cuenta Alex en la entrevista que dio a la revista de bodas Amor. Por haber sido la primera pareja de varones que se casó en Argentina sienten una carga simbólica para con la sociedad. Aunque lo viven con mucha responsabilidad, tienen que dar el mensaje de no ser los únicos que pueden casarse. Lo simbólico radica en lo ordinal: la primera de una larga serie. Alex y José sienten que fue un momento en el que se necesitaba reforzar el consenso social, de ahí que su amor resultara estratégico.

Mientras que el matrimonio entre personas del mismo sexo, antes de su sanción, fue algo inexistente para Daniel y Sebastián, para Ariel y Fernando era un sueño. Alex y José, en cambio, lo caracterizan como el suceso que abrió la mente de los argentinos. Si bien puede resultar exagerada esa descripción, es cierto que el debate parlamentario sobre la ley de matrimonio igualitario alcanzó ribetes poco habituales para la sociedad en su conjunto, tanto por las discusiones en el recinto, los intercambios de opinión en los medios de comunicación y las manifestaciones públicas de quienes la apoyaban y quienes se oponían. El escenario de la marcha a favor de la sanción de la ley fue la plaza de los Dos Congresos, frente al palacio parlamentario. Ahí, como tanta otra gente, Ignacio y Enrique se hacen presentes la tardecita del 14 de julio. Estos jóvenes de veintitrés años, cuya historia aparece en un número del suplemento Soy, se conocen desde hace tres años y prácticamente viven juntos. Piensan tener hijos, pero luego de casarse, cosa que harían pronto.

Uno de los ejes del debate en la arena pública es la familia. Desde ambos sectores, quienes luchan por que se apruebe la ley que permite que dos personas del mismo sexo se casen y quienes se oponen a dichas uniones, sigue operando el matrimonio como forma de constituir una familia y que ése sea el espacio en el cual tener hijos. Hay una secuencialidad lógica que deviene un poderoso núcleo discursivo: amor–matrimonio–hijos=familia. Sigue dándose por hecho que el matrimonio es central para conformar una familia, y que por ésta se entiende dos adultos con hijos.[5] Suele argumentarse que se construyó un modelo de homosexualidad normativo que replica las normas del patrón heterosexual. Esto equivale a sostener que las parejas gays son reproductoras de la heteronormatividad. Más allá de mis argumentos sobre por qué considero tal crítica espuria como hice en otro trabajo (Marentes, 2017c), sí es necesario señalar que las nociones de familia y de hijos continúan ligadas al matrimonio. Convertidas en un rito de pasaje, las bodas permiten la constitución de aquel modelo familiar hegemónico. Entonces, a pesar de lo novedoso en el escenario político que implica este canovaccio, esa novedad es jalonada por un pasado que la vuelve a conectar con lo viejo.

Volviendo al escenario donde tiene lugar la manifestación de apoyo al matrimonio igualitario, la plaza frente al Congreso de la Nación Argentina donde se debatía la ley, la historia de Diego y Norberto es significativa. Ellos, como escribe el militante Diego en el suplemento Soy, están en pareja desde hace trece años y hasta conviven. Nunca pensaron en casarse. Desde el escenario, Diego agita su bandera de activista, empujado por la ovación y el entusiasmo colectivo. Un periodista le pregunta si se casaría. Sin dudarlo, responde que sí, que hace doce años que está esperando ese triunfo.

Un efecto inmediato de la aprobación de la ley es la efervescencia colectiva. Esto se traduce en una repentina valoración positiva de Diego para con un posible matrimonio con Norberto. Diego caracteriza la sanción de la ley como un cambio de paradigma en las relaciones entre personas del mismo sexo, así como en la forma en que estas relaciones se vinculan con la sociedad en su conjunto. Fue tal el cambio de paradigma que, en medio de la movilización, le dan ganas de casarse; ganas que, una vez vacía la plaza, se van. El cambio de paradigma también se traduce en el encuentro entre el mismo Diego y Gustavo, otro partenaire[6] que introduce en la misma nota. Ellos se conocen en una tetera.[7] Cuando salen, siguen conversando y se despiden con un beso en la boca, algo que no le suele pasar en las teteras.

Si bien la institución matrimonial es de larga data y ha sido reactualizada a lo largo de los años, no por ello deja de ser blanco de debates. Es bastante habitual que los partenaires, cuando comienzan a sedimentar su vínculo comenten qué opinan sobre el matrimonio. Wenceslao, por ejemplo, siempre estuvo en contra del matrimonio como institución —tal vez por su relación con la Iglesia Católica, en la que fue sacerdote. No obstante esa opinión, sí estaba a favor del matrimonio igualitario. Ari, su partenaire, cuenta, en la entrevista que les hacen a los dos para el suplemento Soy, la enorme frustración que sintió cuando salió la unión civil.[8] Era como si el matrimonio de primera categoría fuera sólo para los heterosexuales, mientras que los homosexuales se tendrían que conformar con esa suerte de matrimonio de segunda.

En esas opiniones se juega la dimensión política de la unión legal entre dos personas del mismo sexo. Volviendo a la idea de que el matrimonio igualitario haya devenido un recurso escénico fundamental de los canovacci, una de sus particularidades es el carácter político. Tal como se ve en las opiniones, pero en todas sus apariciones a lo largo del corpus, esa ley contiene siempre un componente político. Decir que el matrimonio es político no es solamente reactualizar el lema feminista de que lo personal es político; sino reintroducir en eso político la contestación. Cuando se habla de heteronormatividad, siguiendo a Pecheny (2008), se hace hincapié en que es la heterosexualidad obligatoria la vara a partir de la cual se miden el resto de las relaciones, incluidas las eróticas-afectivas. Que dos personas del mismo sexo estén habilitadas legalmente a casarse no implica que se heteronormalicen y que puedan ser absorbidas por esa institución. Significa, por el contrario, que están contestando a la heterosexualidad obligatoria disputándole una de las instituciones que tradicionalmente fue su monopolio.[9] En dicha contestación, el matrimonio igualitario ayuda a modificar la ecología de la elección amorosa (Illouz, 2012).

El cronotopo, como venimos viendo, da información sobre el espacio y el tiempo. Con respecto al primero, señalamos que una dimensión de esa espacialidad es la plaza frente al parlamento argentino. Pero también puede referir a un espacio más amplio: el Estado-Nación argentino. A este país llegaron Josh y Aldo a casarse, ya que el matrimonio igualitario todavía no había sido legalizado en Texas, Estados Unidos, de donde era Josh. Como cuentan en el sitio web de una empresa organizadora de bodas gays que patrocina a la revista de bodas Amor, la pareja vivía allí y contempló que el escenario de su casamiento fuese Argentina por dos motivos. El primero, porque era legal; el segundo, porque es de donde era Aldo.

Sobre el tiempo del matrimonio igualitario, se sancionó en julio de 2010. Sin embargo, algo que habilita la figura cronotópica es la apertura de una temporalidad futura. Volviendo a la noción política, el matrimonio puede ser visto como un paso fundamental, pero uno más, en una larga cadena de luchas. Alex, en la nota de Amor, juzga que, si bien se hicieron muchos avances, todavía queda un largo camino. Por ejemplo, la posibilidad de que la sociedad en su conjunto repiense la institución matrimonial y que la fidelidad sea un acuerdo entre las partes y no deba ser el Estado quien la juzgue.

Caracterizar al matrimonio igualitario como cronotopo permite pensar cómo se introduce en las historias de amor. Dicha figura lleva a que se reconozca el cruce entre espacio y tiempo: Argentina de 2010. Pero ese 2010 es resultado de luchas pasadas y un punto de inflexión en las batallas que se proponen seguir dando. Lo característico, entonces, del matrimonio igualitario radica en que es un canovaccio que trae siempre a escena ese costado político entendido como contestación, y que abre camino a que dos personas del mismo sexo se casen. Siguiendo a Illouz (2012), esto es un ejemplo del cambio en la ecología de la elección amorosa. Sobre esa base abordo la decisión de casarse en el siguiente apartado.

La decisión de casarse como proceso y sus puntos

Gary Becker (1974) es reconocido por acuñar la noción mercado matrimonial, concepto con el que el economista intenta reconocer la lógica económica que caracteriza las relaciones amorosas, a partir de la gramática de oferta y demanda. Eva Illouz (2012) critica la noción de mercado de Becker por diversas cuestiones, entre ellas porque supone que los individuos son libres de entrar a este mercado y hacer elecciones racionales. La socióloga propone, en cambio, la noción de campo de Bourdieu, que supone “que los agentes cuentan con recursos desiguales para competir en determinado ámbito social” (p. 74).

El objetivo de este apartado es problematizar la decisión de casarse. Tal como sugieren estudios sobre la historia del matrimonio, es relativamente reciente en el devenir de la humanidad que la gente se case por algo tan fluido y tan poco predecible como es el amor (Coontz, 2006). De hecho, para muchas culturas sería una locura que una de las instituciones fundamentales del orden social —como es el matrimonio— se diera por algo tan efímero como es el amor. De acuerdo con el modelo economicista, recupero la noción de decisión por casarse. Ahora bien, siguiendo a Illouz, analizo dicha elección desde una perspectiva crítica en base a dos aristas.

La primera de ellas radica en que la decisión no es algo que se toma de una vez por todas. Por el contrario, retomando la noción de puntos de Badiou (2012), ilumino el carácter procesual de dicha decisión, en la que interfieren tanto partenaires como otros agentes. El filósofo francés introduce el concepto de puntos para referirse al significado de un niño en una relación de pareja: no es más que un punto. “Un punto es un momento particular en el que un acontecimiento se estrecha, en el que debe de alguna manera volver a jugarse, como si volviera bajo una forma desplazada, modificada pero que te obliga a ‘redeclarar’” (p. 52). Es decir, de volver a redireccionar, y con ello resignificar, aquella sucesión de puntos que formaban la historia de amor. En línea similar a como hice en la tesis para pensar al conocerse, propongo pensar la decisión por casarse como un proceso con varios puntos.

La segunda arista que retomo para analizar la decisión es la de la multicausalidad. A saber, los partenaires que deciden casarse no lo hacen solamente por amor, o solamente por interés económico, sino por muchas y varias cuestiones que pueden sumarse e incluso contradecirse. Focalizar en la decisión radica en la centralidad que tiene para el amor romántico. Esa compleja configuración emocional descansa en la libertad de los individuos a la hora de establecer con quien conformar una unión. Bajo dicho esquema se pasó de un modelo de arreglos matrimoniales a uno en el que prima la voluntad de los propios sujetos sobre con quién casarse. Si bien la decisión siempre está condicionada, al menos cuando se refiere al casamiento en las historias analizadas, sigue siendo un espacio en el que se ejercita la agencia.

Cuando la tía Betty los llama para informarles que el matrimonio igualitario es ley, Ariel y Fernando, como cuentan en la nota de la revista de bodas Amor, sienten que su sueño está abandonando dicha forma para convertirse en una posibilidad real. Ahora, al cortar la comunicación, entre risas recuerdan aquella otrora disparatada idea de Fernando, de celebrar su boda el 12 de diciembre de 2012. Aquel momento fue uno de los puntos en la decisión de casarse, la llamada de tía Betty, otro. Sentían que era imposible que tomaran la decisión de hacerlo, tal como lo habían soñado. Eso era otro punto.

Uno de los primeros puntos donde comienza la decisión de casarse es la propuesta.[10] Con fuerte carácter simbólico, resulta un primer paso en la conformación de la unión matrimonial. Protagonistas de una de las historias de Amor, Alex y José tuvieron una propuesta muy cursi. El escenario fue la hiper romántica París, donde Alex se arrodilló, cortó una flor y preguntó a José si se casaría con él. Esta propuesta reunía todos los elementos de la utopía romántica (Illouz, 2009): un escenario romántico, el gesto de agacharse, el cortar una flor y entregársela al otro como forma de comunicar el deseo por compartir su vida.

Cuando Wenceslao y Ari fueron entrevistados, hacía muy poco tiempo que habían anunciado que se casarían. En la entrevista que dieron para el suplemento Soy cuentan que fue una decisión tomada con mucha naturalidad, casi como decidir qué comer al mediodía. Entre idas y venidas de charlas y amor que anudaron más su relación, Ari finalmente lo propuso: Con vos me casaría. La propuesta cambia el sentido original: no es formulada como una pregunta, sino como una afirmación, utilizando el verbo en condicional, dando espacio a la probabilidad. ¿Por qué sería formulada así la propuesta? Para la autopreservación del yo en caso de ser rechazado. Si Ari hubiera preguntado: ¿Te casarías conmigo?, las respuestas admitidas habrían sido o No.[11] En cambio, en el modo en que lo hizo, fue retrucado por Wenceslao que preguntó si hablaba en serio. Esta manera de modificar la propuesta confirma el peso simbólico que sigue teniendo la tradicional fórmula como interrogante. La forma que adquiere el amor romántico en la actualidad, con una mayor reflexividad sobre las subjetividades, lleva a que se prioricen los mecanismos que protejan a aquel individuo de quedar muy expuesto (Illouz, 2012). Por lo tanto, esto también se traduce a la hora de proponer matrimonio.

Ni uno ni el otro pensaban en casarse, pero finalmente se dio. Wenceslao es una persona grande, de más de setenta años. Ari, de menos de la mitad de su edad, una persona madura. Las experiencias pasadas de cada uno implican que vivan con otra perspectiva: comenzaron a pensar al matrimonio como una realidad libre. La realidad se opone al efecto soñado que tenía el matrimonio para Ariel y Fernando. Lo libre, a la idea de que el compromiso y el casarse cierran las posibilidades de desarrollo individual de los partenaires.

Pablo y Gonzalo, como escribe el primero en el suplemento Soy, tenían otra presión: el hijo de Gonzalo. Este niño de once años cada vez que podía les recordaba que no estaban casados. Cuando Pablo le preguntó qué regalarle al padre por su cumpleaños, él respondió un anillo de compromiso. Cuando se acercaba el cumpleaños de Pablo, le aconsejó a su papá —esta vez sin ser consultado— el mismo regalo. Esto tomó por sorpresa a ambos partenaires, quienes hasta entonces nunca habían hablado de casarse.

El matrimonio termina siendo estratégico a la hora de planificar una familia, que implícitamente contempla tener hijos, al reactualizar lo viejo del matrimonio en este canovaccio. Fede, en la película El tercero, va a la casa de una pareja ya constituida para participar de un trío sexual, mientras toma una ducha a la mañana le pregunta a uno de ellos, Franco, si habían pensado en casarse. No, la verdad que no; nunca se nos ocurrió, responde un sorprendido Franco, que está en el baño para mirarlo cuando el joven se baña. Para el joven el casamiento sirve para algunas cosas como adoptar y demás. Hasta aquí aparecieron dos motivos para casarse: uno más romántico, el formar una unión para toda la vida con la persona que se ama; otro más pragmático, como marco institucional más propicio para encuadrar la familia. Veamos otros motivos.

Representantes del primer matrimonio entre varones celebrado en Argentina, Alex y José sienten que su casamiento era estratégico a la hora de reforzar el consenso social. La propuesta tan romántica en París se relacionaba con que Alex necesitaba el entusiasmo de su partenaire con la idea de casarse, para juntos poder dar la lucha política. Era una especie de propuesta-invitación para cambiar de algún modo las cosas, resume Alex. Su principal motivación para casarse se vincula con la movilización política y reactualiza el ideal de amor agápico: ese modo de amar que se relaciona con la trascendencia, con el más allá. Este modelo, que se encontraba con gran fuerza en el camino de la religión (Boltanski, 2000), está presente en las luchas políticas.

Fue ese compromiso político de la madrugada de la sanción del matrimonio igualitario que Diego responde que había estado esperando doce años para poder casarse con Norberto. En ese momento era verdad, era un deseo de casarse incentivado por la celebración colectiva de una jornada inolvidable en la historia de las luchas políticas del movimiento de diversidad sexual. A Diego, autor de una crónica aparecida en el suplemento Soy, le vino el deseo de casarse cuando subió al escenario y sintió todo ese calor de la multitud que acompañaba los festejos por la favorable sanción de la ley de matrimonio igualitario. Tanto en los motivos estratégicos de Alex como en el deseo instantáneo de Diego —que al otro día desistiría de legalizar su unión— se vislumbra un compromiso que excede a los dos partenaires y que se extiende más allá de esos límites.

También existe la pluralidad de razones que llevan al casamiento y los varios motivos tienen importante peso en esa decisión. Daniel y Sebastián cuentan en el suplemento Soy que se casaron por las mismas razones sentimentales que cualquier pareja: por amor y por la imposibilidad de vivir el uno sin el otro. Pero también se casaron por frivolidad, ellos querían una fiesta. Finalmente, se casaron porque de ese modo podían amplificar aquello iniciado con el libro que habían hecho juntos, cinco años atrás. La decisión por el matrimonio viene de la mano de aquello que se espera socialmente, pero también reactualiza los códigos propios de la pareja, en un movimiento que permite aportar creatividad a un rito bastante estandarizado.

Otro de los puntos de la decisión de casarse se relaciona con el momento en que la decisión debe confirmarse. Ya frente a la jueza, Tony acepta por esposo a Segundo, en la telenovela Viudas e hijos del rock and roll. Luego de un tragicómico accidente en el que aparecen los padres de Segundo en la celebración intentando interrumpir el curso de la boda, Segundo acepta por esposo a Tony. Este acto del habla con claro carácter performativo (Austin, 1982) es otro de los puntos de la larga decisión por casarse: su confirmación por parte de los involucrados. Es recién luego de aceptar que la jueza puede conferir a los partenaires el estatuto de esposos.

Por último, volviendo a la idea de que la decisión es una línea con muchos puntos, en el que la propuesta, el motivo y la confirmación son sólo algunos de ellos, cabe destacar cuando aparecen otras decisiones derivadas de aquella de unirse legalmente. Josh y Aldo, partenaires de una de las historias de la revista de bodas Amor, debido a que el matrimonio entre personas del mismo sexo todavía no era legal en todos los estados de Estados Unidos, tenían que decidir también dónde hacerlo. Y, sobre todo, con qué ayuda podrían contar.

Iluminar el carácter procesual de la decisión de casarse permite centrarse en cómo los distintos momentos sirven de puntos de apoyo para los próximos. El motivo para elegir casarse es fundamental, pero como vimos, existen más de una razón para hacerlo y hay decisiones que contemplan varias motivaciones al mismo tiempo. La propuesta y la confirmación de esa decisión podrían pensarse analíticamente como puntos extremos de dicho proceso, en el que tal vez algunos puntos intermedios lleven a tomar otras decisiones, como, por ejemplo, en qué país hacerlo. Ya iniciado el proceso del ritual, queda pendiente la organización de su celebración.

Algo pesado, algo único, en algún lugar especial: organizar una boda

Entre sus distintas razones para casarse, Daniel y Sebastián remarcaban la frivolidad, pues querían hacer una fiesta. Las celebraciones de bodas pueden ser pensadas como ritos de pasaje, ya que es el momento que marca el cambio de estado civil: de ser soltero se pasa a estar casado. El objetivo de este apartado es iluminar ese momento en particular en el que es celebrado el amor y compartido con más personas, consideradas importantes en la trama narrativa de los partenaires. Para ello, me detengo en tres pilares de la boda: su organización, su carácter singular y su escenario.

La imagen de que organizar una boda es algo tedioso y pesado está presente en la idea que Michael y James tienen sobre las bodas británicas. Ellos habían hablado de casarse, pero el solo hecho de pensar en una tradicional boda británica los estresaba. Michael y James, cuya historia ilustra la revista de bodas Amor, querían celebrar su amor, pero de una manera diferente a como se hacía tradicionalmente en su país. Parecería que el placer y el goce de la fiesta no son proporcionales al gasto de energía que su preparación insume.

Parados en el otro extremo están Alex y José, quienes se casaron en Ushuaia. Como cuenta el primero en la entrevista para Amor, habían viajado solos, sin la compañía ni de familiares ni amigos. Tampoco contaban con mucho dinero. Comprometidos, entre sí y con la causa, habían dedicado todo su tiempo a la militancia. Luego de recursos judiciales, estaban haciendo el último intento, que creían que valdría la pena. Su energía puesta allí le robó tiempo a la organización del festejo: era tal el nivel de improvisación que no sabían ni con qué ropa se casarían.

Hochschild (2012) destina un capítulo de su libro sobre la tercerización del sí a la organización de bodas. En este libro analiza cómo se da un proceso de comercialización de la vida íntima en las sociedades contemporáneas, en las que hasta llega a contratarse a especialistas para que le busquen un nombre al hijo o a la hija por nacer. La autora comienza su planteo sobre bodas con la idea de que antes era un acontecimiento familiar muy importante la organización de ese evento, sobre todo para la novia que era aconsejada y asistida por su madre, su suegra, sus hermanas y amigas, entre otras. La red de apoyo servía para contener a la novia en la planificación del casamiento, para quien hubiera sido muy pesado encargarse de todo ella sola.

Debido a diferentes procesos, como el hecho de que las mujeres trabajen más tiempo fuera de su casa, que hijas y madres no residan en la misma ciudad y que las empresas necesitan un compromiso mayor por parte de sus empleados, entre otros, organizar la boda como se hacía anteriormente resulta imposible. Ahora, cada vez más, comienza a contratarse un o una especialista en la planificación de tal evento, que se encarga de la totalidad de su organización. Las wedding planners,[12] agentes fundamentales en las bodas tal como vemos en el siguiente apartado, alivianan el peso de la organización que viene con el casamiento. El estrés que les da el solo hecho de pensar una tradicional boda británica a Michael y James sirve para justificar esta tercerización de la planificación. Incluso la improvisación de Alex y José, quienes dedicaron más tiempo a la militancia, encuentra eco en la contratación de los wedding planners.

En la planificación de la boda se juega la necesidad de que la boda salga perfecta, por la importancia que tiene dicho ritual. Cuando Segundo llega a su estancia en donde se casaría con Tony más tarde, el primero se horroriza al verlo todavía con ropa de trabajo. Tony, de la telenovela Viudas e hijos del rock and roll, aún no se había vestido porque estaba esperando a su partenaire. Un muy ansioso Segundo recuerda que está por llegar todo el mundo. Bueno, ya me voy a vestir; no esté nervioso responde Tony, para quien la boda sería algo lindo. Es algo lindo, pero también es algo importante sentencia Segundo y le pide que esté a la altura de las circunstancias.

Josh y Aldo, de una de las historias que ilustran la revista de bodas Amor, no evocan del mismo modo su boda y menos estar tan nerviosos ese día como estaba Segundo. Como contrataron a una wedding planner recuerdan haber oficiado en su boda como muñecos de torta: lo único que debían hacer era estar ahí donde Leti, la organizadora, les dijera que tenían que estar. Haber tercerizado la planificación y organización de dicho evento sirvió para que esta pareja se dedicara a lo que se supone que debe pasar en las bodas: disfrutar. En uno de los ejemplos que utiliza Hochschild (2003) para describir su teoría sociológica de las emociones, cita una novia que no se sentía feliz al momento de casarse, sentimiento apropiado para dicho acontecimiento. La felicidad en ese momento sería, en términos de la autora, una de las reglas del sentimiento. La contratación de una wedding planner puede aliviar la planificación y, así, garantizar su disfrute.

En este escenario en el que las bodas se convierten cada vez más en costosos eventos y en el que participan cada vez más actores ofreciendo su expertise, hay un gran desafío: cómo sortear la estandarización de ese evento. Al devenir un producto relativamente estándar, las bodas tienen que traducir a lo largo de ella alguna particularidad de la pareja que se está casando. Recordemos que la piedra basal del amor romántico es la individuación, que nos hace únicos; por lo que en la medida en que el casamiento se relacione con ese sentimiento, debe poner en escena las individualidades que abandonan la soltería. La forma en que se agrega eso único y característico de los novios en aquel momento es por medio de la puesta en acto de símbolos propios de la pareja, que han venido tejiendo a lo largo de su historia.

Reactualizar el código compartido es la forma que tienen las parejas de poner en funcionamiento esa gramática propia. Esta es la manera en que las bodas se desestandarizan y logran recordar que es tal pareja la que se casa. Daniel y Sebastián, que habían escrito un libro sobre su experiencia de convivencia, pusieron el día de su boda un pequeño televisor en el que exhibían fotos de la historia de su cohabitación. Como cuenta Daniel en una crónica en el suplemento Soy, las imágenes servían para decorar el evento, pero también reactualizaban ese código compartido: el libro que tanto ayudó a unirlos y uno de los motivos por el cual decidieron casarse.

Hacer la diferencia de una boda no es algo que solamente dependa y recaiga en los hombros de los partenaires, sino que también es un punto de confluencia entre ellos y quienes ayudan y/o se encargan de la organización de la boda. Omar y Leonardo, cuya historia ilustra la revista de bodas gays Amor, agradecen al equipo de su wedding planner que estuvo en cada uno de los detalles para hacer la diferencia. La singularidad pueden ser ideas pequeñas —usar tal música, cambiar las rosas por otras flores— o cosas más grandes —arriesgarse a que el vals sea una cumbia. Lo que de todos modos se pone en escena es la desestandarización de las bodas, un género de eventos relativamente estable.

Omar y Leonardo, en el testimonio que escribieron para la página web de la empresa organizadora de bodas que contrataron, no escatiman en ovaciones y halagos para con la empresa. Agregan que todo el proceso de la boda, desde el comienzo hasta el fin, fue increíble. Llegamos a un punto en el que confluyen dos de las ideas hasta aquí desarrolladas: el proceso de organización y la originalidad del evento. Seguramente Omar y Leonardo hayan hablado con el equipo que organizaba el evento sobre su pareja, sus marcas y demás. Ahí deberían haber contado algo de ese código compartido que se traduciría en la celebración. De todos modos, la planificación de la boda, a veces, puede llegar a servir como uno de los momentos que une a las parejas. En ese ejercicio de planificar conjuntamente una boda, ayudados o no por otros, más allá de ser un evento que demanda mucha energía, puede ser otro de los momentos que anuda y ensambla más la pareja. Ese momento sobrecargado de energía emocional, que será bien recordado por los partenaires y no solamente por ellos, es un terreno propicio para el surgimiento de otros objetos rituales, depositarios de esa energía (Collins, 2005).

Como uno de los canovaccio más ritualizados de la historia amorosa, el escenario en el que se ensayan las bodas adquiere también mucho protagonismo en este evento. A fines de 2011, Qué más decirte, la empresa de candy bar para eventos privados de Ariel y Fernando —como narran en primera persona su historia de amor en la revista de bodas Amor—participó en una exposición. De ella rescataron un sitio web de un espacio para eventos que conocieron ese día. A los días, una mañana en su casa visitaron la página de ese lugar. Todavía no sabían que evento querían hacer, pero sí sabían que se trataba de uno muy grande. De ese sitio pasaron a otro, y de ahí a otro, en esa navegación continua a la que nos tiene acostumbrado Internet. Llegaron a la página de un lugar que les fascinó tanto al punto que decidieron conocerlo. El mismo día en que visitaron este salón de eventos entregaron un adelanto para reservar el 12 de diciembre de 2012, esa virtual fecha de casamiento que habían propuesto cuando soñaban despiertos.

El lugar los atrapó y fue uno de los incentivos para comenzar a planificar su boda. Ariel y Fernando estaban reservando el lugar para celebrar su amor con sus afectos, sin que todavía esa gente lo supiera. Tal como analicé en el apartado anterior, la decisión de casarse es un largo proceso que puede tener varios puntos. En la historia de estos partenaires, conocer ese lugar fue un punto determinante: decidieron donde se casarían incluso antes de hacer pública su decisión. Las decisiones se derivan unas en otras, por lo que después del lugar, eligieron quién lo ambientaría y quién sería el fotógrafo encargado de retratar su boda. Ahora, sólo les quedaba, tanto ellos como su empresa, ponerse a trabajar para materializar la boda de ensueños.

Josh y Aldo también pasaron por lo mismo a la hora de elegir un lugar en donde casarse, solamente que lugar aquí refiere a ciudad. Después de hacer una pequeña búsqueda en Internet concluyeron que Buenos Aires era el sitio más práctico donde casarse. Como ninguno de los dos vivía allí no sabían muy bien por dónde comenzar. Contactaron a una empresa dedicada a la organización de bodas, que les dio todas las recomendaciones para poder aprovechar y disfrutar de la ciudad como turistas, incluso cuando contaban con un tiempo y un presupuesto limitado.

En esa semana que duró su estadía de bodas en Buenos Aires, lograron formar recuerdos que durarían el resto de sus vidas. La ciudad aportó insumos que serían capitalizados y actualizados en su gramática de pareja. Del mismo modo que Ariel y Fernando quedaron fascinados con aquel salón, esta joven pareja se enamoró de Buenos Aires. Llevando meses de casados, se mudaron a la ciudad en la que tuvo lugar su boda. La capital argentina deviene un espacio sobrecargado de simbolismo en esta pareja, quienes cada vez que pasean por Puerto Madero reviven la sesión de fotos para su boda, que tuvo ese exclusivo barrio como escenario.

Organizar una boda no es tarea sencilla ya que es la celebración de un rito de pasaje bastante importante: se abandona la soltería y se celebra la unión con otra persona. La imagen que se tiene de aquella organización se relaciona con algo pesado y desgastante y eso habilita que se contraten personas expertas en dicho campo para no opacar el disfrute que supone el casamiento. Parte del peso de la boda radica en el mandato de desestandarizar esa celebración, en la que tiene que quedar plasmado el carácter de los novios de algún modo, para que la boda no sea una más entre otras. A veces, el peso de la planificación puede dar lugar a un momento de mayor unión y ensamblado de la pareja, y puede ser que sea la misma planificación la que aporte nuevos símbolos a la vida conjunta. El escenario de la celebración también tiene un rol protagónico, llegando a convertirse en uno de esos símbolos. Ahora nos queda ver cómo este canovaccio que son los casamientos requiere de la participación de otros actores.

El mercado, el Estado y los particulares en las bodas

En este apartado analizo cómo otros personajes acompañan a los novios en sus bodas. Como propone el esquema del canovaccio, siempre aparece un grupo de caracteres relativamente estables que acompañan a los enamorados. Me centro sólo en quienes aparecen de manera exclusiva para las bodas y no aquellas personas que acompañan a las parejas a lo largo de su historia. Para esta empresa retomo algunos puntos del análisis de la revista Amor en su comparación con revistas de novias heterosexuales (Marentes, 2017a).

Quienes en seguida entran a escena al momento de que los novios den el son los profesionales relacionados con el mercado de bodas. Entre éstos se pueden encontrar wedding planners, organizadores de eventos, ambientadores de espacios, fotógrafos, decoradores y una gran cantidad de etcéteras. Debido a su multiplicidad y diferencia, les llamo genéricamente agentes de bodas. Ahora bien, ¿por qué agruparlos a todos bajo esa categoría cuando prima la diferencia y la multiplicidad? La puesta en escena de estos agentes de bodas lleva a que se presenten a partir de una serie de rasgos particulares.

Al visitar aquel especial salón de eventos, Ariel y Fernando, ese mismo día, entregaron un adelanto para reservarlo. Algo determinante en esa elección, aunque sería más preciso decir alguien, fue Juan, responsable de ese espacio. Él les dio total libertad y tranquilidad para que los partenaires hicieran el evento con el estilo y la forma que quisieran. Sería como si el salón viniera también con esos dos bienes intangibles. Un día después de haber reservado, estos partenaires que comparten su historia en la revista de bodas Amor debían seguir planificando la boda de ensueños. Llamaron a Lorena para que ambientara el lugar. Desde el primer momento entendió lo que los futuros esposos querían y aportó también su buen gusto. Mariano e Ismael fueron los siguientes en ser convocados: además de ser amigos de los partenaires, eran los fotógrafos perfectos para retratar esos momentos únicos.

Omar y Leonardo son los primeros tres partenaires que recupero en que los agentes de bodas están sobrerretratados: sus testimonios, al igual que los de las dos siguientes parejas, fueron extraídos tanto de una sección de la revista Amor aportada por Fabulous Weddings  —empresa dedicada a la organización de bodas gays— como del sitio web de la empresa. Por particularidades del mismo material del que fueron extraídas estas historias, no escasean los elogios y adjetivos grandilocuentes al hablar de sus bodas. Fabulous Weddings fue fundada por Laetitia Orsetti tras la sanción de la ley de matrimonio igualitario. La novedad de su propuesta radica en la organización de bodas para residentes en otros países que se casen en Argentina. Cuando el matrimonio entre personas del mismo sexo no era legal en muchos países, casarse en Argentina devino un buen negocio.

Esta pareja chilena recuerda cada consejo que le dio el equipo de trabajo de Laetitia. Fue por trabajar en grupo que su boda contó con cada uno de los detalles necesarios para hacer la diferencia. Gracias a las personas que trabajan en Fabulous Weddings todo el proceso de organización de la boda fue increíble. A Omar y Leonardo les sorprende cómo muchas pequeñas grandes ideas brindadas por el equipo de trabajo convergen en una boda única.

Cuando se encontraron con Leti (el diminutivo de Laetitia), el nerviosismo de Josh y Aldo[13] quedó en el pasado. Debido a su contagiosa buena energía y su amplia experiencia en bodas como en la vida porteña, esta joven pareja enseguida confió en su wedding planner. Ella contempló hasta el más pequeño detalle, dándole adecuados tips para que, con un tiempo y un dinero limitado, disfrutaran a pleno esa semana en Buenos Aires. Leti había arreglado toda la documentación que necesitaban para que se casaran, lo único que los partenaires debían hacer era estar donde ella les indicara. Por todo eso, Josh y Aldo recordarán a Leti no sólo como su wedding planner, sino como una gran parte de su boda.

Tal como vimos, esta pareja quedó tan enamorada de Buenos Aires, la ciudad de su casamiento, que a los meses de unirse en matrimonio, se mudaron allí. Al pasear por Puerto Madero, recuerdan la sesión de fotos que allí tuvo lugar. Parte de estas fotos se incluye en la sección Casamientos Reales[14] de Amor y otras se encuentran en el sitio web de la empresa. La primera vez que vi esas imágenes me llamó la atención que los dos novios estaban vestidos íntegramente iguales, como si lo igualitario del matrimonio alcanzara un estado apoteótico. Al menos dos razones ayudan a entenderlo. La primera se relaciona con el ideal de armonía estética de una pareja al momento de casarse. En una entrevista a Tito Samelnik en Amor, dueño de Matices —una casa de moda porteña—, el diseñador destaca que un beneficio de casar a dos hombres es poder jugar con la armonía de la pareja.[15] En la elección del traje se pone en acto el compañerismo y el mutuo asesoramiento. La segunda de las razones se relaciona con una historia narrativa de la homosexualidad. Se actualiza así una de las figuras que caracterizó el amor entre varones, en la que opera una confusión entre los amantes a modo de mímesis. Cuando la madre del rey Darío confundió al amante de Alejandro Magno con él, su respuesta fue: “No te preocupes, madre, éste también es Alejandro” (Melo, 2005, p. 33).

Michael y James conocieron a Leti y a su equipo por medio de una videoconferencia. A las semanas de aquel encuentro virtual estaba todo organizado. Para estos partenaires, Leti es como una vieja amiga: divertida, inteligente, glamorosa y atenta. Fue tal el aprecio que estos jóvenes de Inglaterra sintieron por su wedding planner, que a dos años de su matrimonio y con motivo de otro viaje a Argentina, la visitaron. Haberla visto fue hermoso, ya que ella es una lección de amor y felicidad. Michael, al autor del testimonio presente en el sitio web, explica que no cree que haya una persona que cuadre tanto para su trabajo como Leti: ella, en verdad, está enamorada del amor.

Ahora bien, haciendo eco de las palabras de Michael, ¿es imprescindible enamorarse del amor para ser agente de bodas? Para responder a esta pregunta es necesario reconocer tres características de los y las agentes de bodas. Como decía Leatitia Orsetti en una entrevista aparecida en Amor, cuando se contrata una wedding planner se compra el delegar en alguien lo estresante de la planificación para que no obstaculice el disfrute. Está claro que se vende un servicio: la organización del evento, la ambientación del salón, el diseño de un vestido, la toma de fotografías, etc. Pero tanto quienes compran como quienes venden destacan aquellos aspectos más inmateriales y abstractos del servicio. Se compra la tranquilidad de que todo irá bien, la perfección en los detalles, la alegría de organizar una fiesta, la certeza de que se retratará exactamente la felicidad.

Para entender ese pasaje debe verse cómo se lo vende. En dicho reportaje, al igual que otros actores que comercializan este tipo de servicios, Leti, como la llaman sus clientes, enfatiza que no es una transacción, sino una ayuda, un acto desinteresado como el amor que lleva a los novios a casarse. En esa transacción hay una puesta en escena de un ethos avocado y comprometido con su trabajo, habitual en la retórica de ciertas profesiones y sobre todo en las ocupaciones del sector servicios. Ahora bien, en el caso del servicio de bodas, en los que se mercantiliza al amor, no puede quedar por fuera. El leitmotiv que subyace en este sector es que el amor que se celebrará en ese gran día también es un condimento presente en el servicio que se vende: como si el amor de quienes se involucran en estas actividades reforzara el amor que se juran los novios ese día. El énfasis en el amor y en el placer de lo que se hace es otra forma de actualizar la dicotomía, muy extendida en la utopía romántica, entre amor desinteresado y utilitarismo.

La respuesta a la pregunta que quedó abierta es sí, estar enamorado del amor para ser agente de bodas es una estrategia de venta del propio servicio. Por último, y por ese compromiso y —fundamentalmente— amor puesto al trabajo, los y las agentes de bodas se construyen como analistas del amor. Se convierten en voces legitimadas a la hora hablar de bodas, parejas, matrimonios y sus crisis, por lo que dan consejos al respecto. No solamente consejos referidos a la fiesta, en la que tiene que traducirse algo del código compartido de la pareja que transmita la personalidad de los novios, sino también sobre qué hacer ante la crisis de una pareja.

Hasta aquí nos centramos en la personificación del mercado en las bodas, por medio de sus agentes. Sin embargo, para que el casamiento tenga validez debe ser certificada por el Estado, quien tiene en Argentina la autoridad de legalizar las uniones. De allí que cobren importancia en este canovaccio tanto jueces y juezas como empleados y empleadas estatales. Jueces y juezas poseen la potestad de unir legalmente a dos personas. Por ese motivo deben ser quienes pregunten a los novios si están seguros de hacerlo, bajo la fórmula acepta por esposo a. Una vez que ya dieron el , la jueza que casa a los partenaires de la telenovela Viudas e hijos del rock and roll, Segundo y Tony, los autoriza a que se besen: es decir, que pongan en escena ese amor antes declarado.

Michael y James recuerdan que su ceremonia civil fue, en sí misma, simple pero emotiva. Parte de ese carácter sentimental se relaciona con que no necesitaron al traductor a la hora de entender las palabras de la jueza. Ella dijo cuán orgullosa estaba de que en Argentina el matrimonio entre personas del mismo sexo fuera legal, pero de una manera abreviada: el matrimonio es matrimonio. Cuando Alex y José, cuya historia aparece en Amor, estuvieron ante la jueza que los autorizó a casarse, la felicidad de ellos y la del colectivo les recorrió todo el cuerpo. Si bien la escena frente al juez o jueza puede parecer demasiado burocrática, es necesario hacerle —valga la redundancia— justicia y recuperar su centralidad: allí se valida legalmente el matrimonio, que da paso a la fiesta que se estuvo preparando desde hace un tiempo.

Como prueba del amor de dos personas es necesario que haya testigos-padrinos de las bodas. En el caso de Segundo y Tony, ellos eligieron a la ex esposa del primero y a su actual novio, a la empleada doméstica que se hizo amiga de Tony y al otro empleado de la estancia. Es habitual que el elenco de padrinos se arme en base a los afectos. Pero, ¿cómo se logra cuando éstos no viven en el país? Josh y Aldo se quedaron tranquilos, el paquete que le compraron a Leti venía con testigo local y traductor certificado. Únicamente llevaron barras de chocolate para quienes trabajan en el registro civil, que los guiaron en todo el papelerío.

De la comparación de la revista Amor con revistas de novias heterosexuales surge una diferencia sobre el escenario en el que se retratan los casamientos reales. Las bodas heterosexuales, bendecidas por las religiones, son selladas bajo la mirada de Dios en su casa. Lo que sacraliza a las parejas homosexuales es el reconocimiento estatal. De allí que el Registro Civil sea un escenario predilecto en estas historias de amor. El cronotopo del matrimonio igualitario culmina ante esta dependencia del Estado (o en la personificación del juez o de la jueza). La presencia estatal explicita lo político del matrimonio entre personas del mismo sexo. Y ese Registro Civil es el que se ve en las fotos de Omar y Leandro y de Josh y Aldo.

Finalmente, otras personas que ingresan a escena, pero que no me detengo demasiado debido a su escasa participación en estas historias de amor analizadas, son esos particulares que celebran el amor. Josh, cuando pasa frente al Registro Civil en el que se casó con Aldo, recuerda estar en el hall de la mano de su reciente marido y ser aclamado por quienes pasaban por la vereda, que los animaban a besarse. Estos extras de la escena no hacen más que reforzar el carácter celebratorio que se supone tiene el casamiento.

¿De dónde viene esa celebración? Segundo y Tony se besan, ya siendo esposos, y como si el beso tuviera un efecto contagio en los invitados, éstos reciclan ese amor celebrado y lo replican. En términos de Collins (2005), en los rituales de interacción, y sobre todo en aquellos que están tan ritualizados como la celebración de las bodas, se crea energía emocional que sirve para retroalimentar otras interacciones. Entonces, la celebración de quienes por allí pasan como los besos contagios pueden verse como efectos de la energía emocional desprendida de la situación en particular, en la que el amor se pone en acto.

Así como los canovacci de la comedia del arte italiana tenían un conjunto de personajes establecido con sus propias características, el canovaccio boda gay contemporánea tiene los suyos. Entre ellos se encuentran en gran medida agentes de bodas, que se involucran vendiendo un servicio, pero que, por entrar en dicha transacción, quedan impregnados del amor que se celebrará ese día, por lo que venden servicios cada vez más intangibles. Como vimos en el apartado anterior, la caracterización de la planificación de una boda como pesada, es la condición de posibilidad de estos personajes —imagen que seguramente ayudan a sostener. La personificación del Estado es otro de estos caracteres presentes en el canovaccio, que sirve para legalizar la unión entre los partenaires. Por último, los asistentes que reciben y retroalimentan de amor a los recién casados también forman parte de estos rituales.

Conclusiones: entre lo nuevo, lo viejo y lo prestado

Recuperando el objetivo del trabajo, sobre la especificidad de las bodas gays en clave de canovaccio, vimos que en ellas participan los partenaires y sus actores de reparto, que se valen de ciertos recursos que posibilitan que dicha escena sea llevada a cabo. Pero para poder entender estas bodas en su especificidad, ha sido necesario recuperar sus condiciones de existencia: es decir, la sanción de la ley de matrimonio igualitario. Cada vez que se pone en escena una boda entre dos hombres o dos mujeres, esa historia política se cuela entre los actores, aún a expensas de sus protagonistas.

Una vez sancionada la ley, se abre la posibilidad de que las personas del mismo sexo se casen entre sí. Ahora, ¿por qué habría de casarse la gente? En el largo proceso de la decisión, recurrí a la noción de puntos. Que los partenaires decidan casarse trae aparejados otras actuaciones y otros momentos, variables y sentidos que se perderían si se toma a la decisión como un acto de una vez que ahí termina. El proceso de la decisión moviliza sentidos del amor y del matrimonio que hacen al canovaccio.

Visto que se trata de un tipo particular de contrato, la boda se celebra. Pero no solamente en ese sentido jurídico, sino que también, por sintetizar un ritual de pasaje, es habitual que haya una fiesta en donde se conmemore ese amor. Se abrió así otro momento prototípico del casamiento: la organización de la celebración. Se analizó cómo se asocia la planificación de la boda con un gran gasto de tiempo y energía, aunque a veces planear el festejo pueda ser otro momento que anude la pareja.

Así como Pantalone y Arlecchino eran dos de los caracteres recurrentes de la comedia del arte, el canovaccio del matrimonio aporta al menos tres personificaciones claramente delimitadas que acompañan a los partenaires —o enamorados— en la puesta en escena del casamiento: agentes de bodas, jueces y empleados estatales y asistentes a la celebración. Cada uno de ellos interpreta un papel específico a partir de cierta estructuración de sus rasgos: estar enamorados del amor los primeros, la capacidad de legalizar la unión los segundos y hacerse eco del amor que allí se celebra los últimos.

Cabe, finalmente, preguntarse por lo nuevo, lo viejo y lo prestado de este canovaccio. El carácter novedoso, como hemos visto, se relaciona con el hecho de que dos personas del mismo sexo puedan casarse. La sanción del matrimonio igualitario seguirá, más allá de sus casi diez años de vida, dándole un carácter novedoso a las bodas gays. Eso se mezcla y emerge en cada representación escénica de esos casamientos. El carácter rupturista de la ley se observa en la sacralización del registro civil como escenario de las fotos de bodas.

Lo viejo viene aportado por la continua interpretación de que el matrimonio sigue siendo el modelo para formar una familia, entendida esta como núcleo de dos padres con hijos. Como sostiene Cosse (2010) en su investigación sobre las parejas en los años sesenta, el casamiento era el hito, para el Código Civil, que habilitaba la formación de una familia (p. 116). Si bien el matrimonio no es condición sine qua non de la conformación de una familia, debido a que ésta sigue necesariamente incluyendo la presencia de hijos, casarse es una forma de facilitar su encuadre legal. Como vimos, la secuencialidad lógica amor–matrimonio–hijos=familia continúa operando como un poderoso núcleo discursivo.

Finalmente, lo prestado es el recurso más extendido en este canovaccio, y el que al mismo tiempo aporta bocanadas de aire fresco. Por prestado me refiero a todas aquellas cosas que se usan en las bodas heterosexuales pero que aquí se resignifican y se llenan de especificidad. Por ejemplo, la armonía estética de la pareja llevada al extremo: no solamente da coherencia a la pareja, sino que también reactualiza la narrativa de la homosexualidad. El servicio brindado por Fabulous Weddings también se encuadra en esta línea: agentes de bodas que alivianan a los novios, pero que facilitan a personas del mismo sexo de otros países que se casen en Argentina. Por último, algo prestado viene del mandato de originalidad de la boda, eso que ayude a desestandarizarla. Y como vimos, el recurso más extendido es la puesta en acto del código compartido que sirvió para unir a la pareja y que muchas veces está impregnado de la experiencia amorosa gay. Eso que viene de la sedimentación del vínculo es puesto en funcionamiento de una manera creativa y novedosa, para que quede claro que la escena que verán quienes asisten a esa “obra” tiene un canovaccio que viste algo nuevo, algo viejo y algo prestado.

 

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Maximiliano Marentes

Argentino. Licenciado en Sociología y Magíster en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural, ambos por el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín. Candidato a Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG-UBA). Actualmente investiga sobre amor en varones gays desde una perspectiva sociológica. También ha trabajado sobre la tensión entre familia y trabajo en mujeres de clase media alta y situaciones de espera en la vida cotidiana. Entre sus publicaciones destaca: “Amor gay en dos ficciones televisivas argentinas. Entre la reproducción y la contestación de la heteronorma” (Cuadernos.Info, 2017), “Revista de bodas gay. Continuidades y rupturas en clave de géneros discursivos (Papeles de Trabajo, 2017).

 



[1] Agradezco los comentarios y las sugerencias de Santiago Canevaro y Mariana Palumbo a una versión previa de este trabajo. Hago extensivo el agradecimiento a quienes evaluaron este trabajo, que ayudaron a mejorarlo sustancialmente.

[2] Respeto las reglas gramaticales de número de su idioma original, el italiano.

[3] Introduzco los fragmentos analizados en el cuerpo del texto. Primero por una cuestión de estética y de fluidez de la lectura. Segundo, por un distanciamiento de la pretendida objetividad de incluir verbatims, como si al introducir literalmente tal o cual fragmento no hubiera alguna elección. Uso cursivas para referirme a las palabras textuales, ya que las comillas interfieren en el ritmo de lectura.

[4] Alex Freyre y José Di Bello, luego de unos años se divorciarían. Volverían a estar en el ojo de los medios cuando se los acusó de que se casaron no por amor, sino por conveniencia. A expensas de esa discusión y de otra información sobre la ahora extinta pareja, a lo largo del trabajo recupero la historia que Alex cuenta a la revista Amor.

[5] En una investigación sobre las formas en que la familia fue pensada en relación con el movimiento de diversidad sexual argentino a lo largo de la historia, Vespucci (2017) demuestra cómo, en parejas del mismo sexo, la descendencia sigue siendo definitoria de lo que se entiende por familia.

[6] Partenaire es una noción extendida en el mundo de la danza clásica, utilizada en otras danzas y otras artes performativas, y refiere a la compañera o al compañero en una actuación. Opto por este término tanto por el carácter escénico de las historias de amor como porque permite reunir una gran cantidad de categorías de vínculos como novio, pareja, chico con el que me veo, contacto para conocernos, entre varias más.

[7] Del inglés, tea-room, tetera refiere al sexo en baños públicos.

[8] La unión civil fue un cambio en la legislación argentina que permitía que dos personas, independientemente de su sexo, se unieran. Fue un antecedente al matrimonio igualitario, a pesar de sus grandes diferencias.

[9] Esto tampoco quiere decir que una vez que dos personas del mismo sexo se puedan casar ya se termina la disputa. Por el contrario, el matrimonio sigue excluyendo otras formas de vínculos eróticos-afectivos, como por ejemplo los de más de dos personas.

[10] En Argentina la propuesta de matrimonio suele ser menos ritualizada que en otros países. Por ejemplo, existe una gran cantidad de videos en YouTube de partenaires de Estados Unidos en los que la propuesta de casamiento adquiere un peso simbólico muy grande. Agradezco a Lucila Szwarc haberme facilitado algunos de esos videos.

[11] El No sé, Tal vez más adelante o el mismo silencio son entendidas como negativas.

[12] Uso el femenino ya que, por lo general, son mujeres quienes desempeñan esta función.

[13] Tanto el testimonio de esta pareja como el de la siguiente, aparecieron en inglés en el sitio web de Fabulous Weddings: http://www.fab-weddings.com/. Por ese y otros rasgos, como el asesoramiento técnico y legal, es claro que el servicio apunta a parejas extranjeras no solamente del mismo sexo que quieran casarse en Argentina.

[14] Casamientos reales es una sección típica en las revistas de novias, en las que se incluyen testimonios y fotografías de bodas no publicitarias, que realmente existieron.

[15] La armonía es algo que los agentes de bodas buscan en todas las celebraciones. En una entrevista que le hacen a una especialista en ceremonial y protocolo en el número 48 de la revista de novias Nubilis, esta agente de bodas exige coherencia entre los distintos elementos de la fiesta.